dissabte, 12 / juliol / 2008

Martin Heidegger y la cuestión del Ser


La preocupación por la cuestión del Ser se remonta a los orígenes de la filosofía, concretamente a los presocráticos. También Platón y Aristóteles trataron del Ser con seriedad. Pero, con el transcurso de los siglos, la preocupación por el sentido del Ser quedó desplazada en un segundo plano, en parte por la precomprensión que tenemos de dicha cuestión. Sin embargo, a principios del siglo XX, el filósofo alemán Martin Heidegger volvió a retomar esta cuestión, alegando que es el principal problema de la filosofía, si no el único.

¿Qué es el Ser? Habitualmente, el pensamiento occidental ha entendido el Ser como lo que está presente, es decir, lo que tiene presencia. Ahora bien, aquí entra en escena otra cuestión: el Tiempo. Porque el hecho de que un ente tenga presencia, requiere el momento presente, el cual, junto con el pasado y el futuro, conforma lo que entendemos por Tiempo. Así pues, como dice Heidegger: “El Ser es determinado como presencia por el Tiempo”. En otras palabras, cada ente (cada cosa) tiene su tiempo (o es en el Tiempo). Sin embargo, Heidegger plantea dos preguntas que son fundamentales para la reflexión sobre la cuestión del Ser y, como corolario, para la relación entre éste y el Tiempo: ¿Es el Ser una cosa real y concreta? ¿Es o está el Ser en el Tiempo? Pero, sin duda, la pregunta más radical es ésta: ¿El Ser es? Fijémonos bien en que si dijéramos “El Ser es tal cosa”, habría un ser escondido tras esa pregunta. El Ser, por lo tanto, no puede ser tratado como un ente cualquiera. De hecho, el Ser no puede ser tratado como un ente, porque no es un ente. En consecuencia, y respondiendo a la primera pregunta formulada, el Ser no es una cosa real y concreta y, por lo tanto, no es o está en el Tiempo. Sin embargo, el ser en cuanto presencia está determinado por el tiempo, es decir, por lo temporal. Por otra parte, el Tiempo pasa constantemente, y sin embargo siempre permanece como Tiempo, siempre está presente (aun siendo el Tiempo una síntesis entre presente, pasado y futuro). Si el Tiempo está presente, y el estar presente supone la determinación por parte del Ser, entonces el Tiempo está determinado por un ser. A su vez, empero, el Ser está determinado por el Tiempo, puesto que el estar presente es la condición de la manifestación del Ser en un ente (o cosa). Dice Heidegger, en una preciosa frase: “Desde la constancia del pasar del Tiempo, habla el Ser”. En resumidas cuentas: Tiempo y Ser se determinan el uno al otro, no siendo el Ser nada real ni concreto y no siendo el Tiempo nada temporal (entendiendo temporal como algo pasajero); a su vez, el Ser no es nada temporal y el Tiempo no es ningún ente (o cosa). Ser y Tiempo se manifiestan conjuntamente en el ente (o la cosa).

Llegados a este punto, y para aclarar un poco la cuestión, Heidegger da un giro lingüístico a la reflexión: el Ser y el Tiempo no son, sino que se dan.

El Ser es aquello por lo cual los entes son identificados como tales. El ente, determinado por el Ser, está-presente. El Ser deja estar presente al ente, y este dejar-estar-presente es desocultar o, en otras palabras, “traer a lo abierto”. Es en este acto de desocultar en donde debe considerarse la expresión “se da”.Los entes determinados por el Ser son los destinos del Ser, son la “forma” que toma éste. Vemos, pues, que si le seguimos el rastro al ser con el pensamiento, llegamos a su destino, es decir, al ente fundamentado por el Ser, de manera que hemos perdido el rastro del Ser en cuanto tal, o sea, de aquello peculiar que está retenido debajo del ente. Con el Tiempo, en cuanto lo consideramos de la forma en que lo hacemos cotidianamente, nos sucede lo mismo. Volvamos a lo dicho anteriormente: el Tiempo no es, el Tiempo se da. Habíamos caracterizado el Tiempo como la síntesis de presente, pasado y futuro. Sin embargo, vivimos el tiempo como una sucesión de “ahoras” y, de hecho, el estar-ausente del pasado (el ahora-ya-no) y del futuro (el aun-no-ahora), en cierta manera lo percibimos también como estar-presente en el momento presente. En palabras de Heidegger: “En el pasado se extiende el presente”; y, de hecho, también en el futuro. Así, vemos que hay un modo de estar-presente distinto del estar-presente en el momento inmediato. Así pues, el Tiempo, como hemos señalado más arriba, no es temporal. Pero el ente (y nosotros mismos somos entes) sí es temporal. El Tiempo muestra lo que sucede en el espacio-tiempo, en el ahora, y preserva lo que ha sido en el pasado, así como también “anticipa” el futuro.

Cuando decimos “Se da el Ser”, este “Se” o “Ello” que nombramos es el Tiempo (entendido como la síntesis temporal de presente, pasado y futuro). Y el Tiempo es en donde se da el Ser, donde se manifiesta su destino. Pero, ¿es el tiempo el “Se” o “Ello” que da el ser? No, puesto que es la “región” en donde se da el Ser. En el estar-presente del Ser y en el Tiempo como ámbito de lo abierto (del ente o destino del Ser), hay una apropiación mútua, una relación que determina a ambos (Ser y Tiempo) en lo que tienen de propio, es decir, en su recíproca co-portenencia, y es lo que Heidegger llama Ereignis (acaecimiento apropiador). El Ereignis (el acaecimiento) se acredita como el Se, el Ello que da cuando decimos “Se da el Ser” y “Se da el Tiempo”. Pero, si formulamos la pregunta más obvia que pudiéramos pensar, esto es, ¿Qué es el acaecimiento?, estamos preguntando por el ser del acaecimiento, y resulta que el ser mismo es el que se muestra como tal en el acaecimiento, el cual le otorga la determinación de presencia. Andamos, pues, en círculos, y la pregunta nos lleva nuevamente a la cuestión de el ser desde el tiempo. El Ser es el acaecimiento supremo, la condición de posibilidad de todos los acaecimientos posibles, de los cuales se apropia. Sin el Ser, nada puede ser, nada puede acaecer.

Tiempo y Ser se apropian el uno del otro aun sin ser ninguno de los dos nada real ni concreto; esta apropiación recíproca acaece, formando así el Ereignis, es decir, el acaecimiento apropiador. El acaecimiento apropiador no es algo real y concreto, pero tampoco se da; simplemente, acaece apropiadoramente, con lo cual, y en palabras del propio Heidegger, “yendo de lo mismo a lo mismo, decimos lo mismo”. Según Heidegger, debemos pensar la cuestión del Ereignis prescindiendo de la metafísica, y pensando estas cuestiones sin considerarlas proposiciones enunciativas, sino como una tarea puramente del pensar. Ahora bien, ¿cómo es posible discutir (y aun pensar) sin proposiciones? Cómo superar las dificultades que se presentan a cada reflexión, usualmente de tipo lingüístico? ¿Es la cuestión del Ser un mero ejercicio de habilidad lingüístico-pensativa o es un acercamiento auténtico a las raíces del conocimiento y aun de la Verdad? La tarea filosófica de Heidegger quedó inconclusa y es un tema de máxima actualidad en las discusiones e investigaciones filosóficas contemporáneas.

2 comentaris:

Jaume ha dit...

M'agrada molt el nou disseny. Les entrades, genials com sempre :)

salut

Ruben M. M. ha dit...

Personalmente, no entiendo la cuestión del ser como un asunto meramente lingüístico. Lo que sucede es que desde los presupuestos del pensamiento de Heidegger, hay que hacerse cargo del hecho ontológico de que la cuestión del ser no puede ser abordada desde nuestra estructura lingüística tradicional, por lo que debemos buscar "otro lenguaje". Es algo así, como rizar el rizo, pero la tarea pensante que lleva a cabo Heidegger es de una coherencia absoluta si analizamos detenidamente su proceder.