El pensamiento griego (o filosofía griega)es uno de los grandes pilares de nuestra cultura. La tradición histórica ha dividido dicha filosofía en dos grupos: los presocráticos y los postsocráticos, en referencia al filósofo Sócrates. Sea más o menos legítima esta separación, lo cierto es que Sócrates fue uno de los grandes forjadores de la filosofía griega, y maestro del que puede considerarse el filósofo más importante de la Historia: Platón. Sócrates nació en Atenas aproximadamente en el 469, hijo de Sofronisco, un escultor; y Fenareta, una comadrona. Se sabe que era feo y sucio, pero su personalidad era muy magnética.
No existe ninguna obra escrita de Sócrates, pues despreciaba la palabra escrita, considerándola vacía y muerta. Todo lo que sabemos de su pensamiento lo hemos extraído de las referencias que de él nos han hecho Jenofonte, Aristófanes, Aristóteles y, especialmente, Platón. Ejerció gran influencia en su época, y fue objeto de grandes alabanzas así como de duras recriminaciones. Los temas que solía tratar eran los problemas del ser humanoy de la polis: la moral, la justícia, las leyes, la virtud (areté), etc. Aunque en un principio simpatizaba con los sofistas, pronto rompió con ellos debido a las concepciones de éstos del uso de la virtud y la enseñanza, así como el hecho de que cobraran para transmitir sus conocimientos.
Sócrates empezó su actividad filosófica allá por el año 424, cuando se inicó el período de inseguridad y crisis en Atenas debido a las guerras del Peloponeso, que truncó su época de esplendor. Esto hizo que los ciudadanos se volvieran más individualistas, buscando el puro interés personal aunque sea a costa de la ciudadanía en conjunto. Contra esto, que Sócrates consideraba el germen de la degradación moral, éste reivindicó el cuidado del alma como único medio para alcanzar la felicidad. Para convencer a sus conciudadanos de que no tenían razón, Sócrates les estudiaba y preguntaba constantemente, llegando a hacerse molesto a los ojos de muchos, lo cual le valió el apodo de “tábano de Atenas”. Combatió también el relativismo moral que los sofistas introdujeron. Lo importante no era lo que se decía sino cómo se decía. Si alguien argumentaba algo con suficiente credibilidad, esto era cierto hasta que alguien lo rebatiese con mejores argumentos, aunque lo postulado fuera que el más fuerte tiene derecho a eliminar al más débil. Sócrates, por el contrario, quería conceptualizar la verdad, el bien, la justicia, la moral y demás valores y, sobretodo, quería saber qué es la virtud, puesto que no puede considerarse a los otros valores virtudes si no se establece anteriormente la definición de virtud. Pero, a diferencia de los sofistas, Sócrates no dio ninguna definición de la virtud, sino que declaró que no sabía lo que es, que sólo sabía que no era lo que los sofistas defendían. Se declaraba, pues, ignorante frente a su cuestión más importante. Sócrates declaró que “Yo sólo sé que no sé nada”. Esto le elevó al filósofo más sabio (según una consulta al oráculo de Delfos), puesto que los demás creían que sabían sin saber realmente (y, por lo tanto, no saben nada), mientras que Sócrates, por lo menos, sabe algo: que no sabe nada. Sócrates se autoconvenció de esta declaración del oráculo al interrogara aquéllos que se autodenominaban sabios y ver que en realidad no sabían nada más que utilizar la retórica con fluidez.
Así pues, la “misión socrática” en busca de la virtud empieza por no tener una idea equivocada de ella, y el primer paso es demostrar al que se cree sabio que no lo es, y lo hace a través de preguntas y objeciones a las pertinentes respuestas, llevando a su interlocutor al descubrimiento, por sus mismas respuestas, de que no tiene razón, de que no sabe. Este primer paso del método socrático se llama ironía socrática. Después de esto, su interlocutor se enojará con Sócrates o reconocerá su ignorancia, pidiéndole a Sócrates que le ilustre, para encontrarse con que éste tampoco sabe. Pero, si tampoco Sócrates lo sabe, ¿quién lo sabe y, quién lo puede enseñar? Sócrates afirma que en realidad sí sabemos aquello de lo cual buscamos el conocimiento, pero que tenemos esa verdad dormida en nuestra alma, a cuyo acceso podemos llegar mediante la reflexión. Debemos investigarnos a nosotros mismos, mirar dentro de nosotros mismos para poder sacar hacia fuera la verdad que tenemos dormida, sacar fuera el saber auténtico que está escondido en nuestro interior. Podemos descubrir así qué es la auténtica justícia, la auténtica generosidad, etc. Por eso Sócrates adoptó la máxima escrita en la entrada del templo de Delfos: “Conócete a ti mismo”. Sócrates no puede darnos el conocimiento auténtico, pero puede ayudarnos a sacarlo fuera, a “obtenerlo”. Sócrates puede auxiliarnos en el alumbramiento de la verdad mediante el segundo paso de su método, que se llama mayéutica y que consiste en sacar a la luz todo el conocimiento del alma de su interlocutor mediante un diálogo consistente en preguntas y respuestas, cuyo fin es llegar a la definicón de la virtud de la cual se está tratando y, por ende y como colofón de las definiciones de todas las virtudes, a la definición de la virtud en general. Así, el primer paso pretende llegar a la toma de conciencia por parte del interlocutor de su propia ignorancia; el segundo paso consiste en alumbrar la verdad, el conocimiento que este interlocutor posee en su alma. Y siempre con los diálogos basados en preguntas, respuestas y objeciones.
Por otra parte, hay aun otra parte del pensamiento socrático que merece ser mencionada: el intelectualismo ético. Según esta doctrina socrática, la moral es sólo una cuestión de conocimiento. Quien sabe qué es el bien, es bueno. Quien sabe qué es la virtud, es virtuoso. Nadie que sepa que X cosa es buena e Y es mala, tomará Y como opción. Y si lo hace, es porque no sabe qué es el bien y, en consecuencia, no es malo, sino ignorante. Para Sócrates no hay ser humano alguno que sea amlo en el sentido estricto de la palabra, pues todos tienden hacia lo que consideran el bien. El caso es que la concepción del Bien puede estar equivocada (e incluso muy equivocada). Por ejemplo, alguien que ha apuñalado a alguien por robarle dinero, según Sócrates, lo ha hecho porque creía que era mejor la adquisición de tal dinero antes que la salud o la vida de la persona atracada. Sócrates, pues, no diría que el atracador es malo, simplemente que está equivocado. Sócrates llevó al extremo la tendencia intelectualista de la ética griega, hasta puntos en que es difícil darle la razón (por no decir imposible). Platón ya suavizó esta doctrina socrática, y el cristianismo la abolió del todo al introducir la noción de pecado y afirmar que los hombres tienden por naturaleza al mal (todo lo contrario a lo que decía Sócrates).
Después de ser juzgado por corromper a la juventud, por no creer en los dioses de la polis e introducir nuevas divinidades, Sócrates fue condenado a muerte por las autoridades atenienses (a las que se dice que dejó en ridículo durante el juicio) con el beneplácito de gran parte de la población (especialmente los enojados por haber descubierto su ignorancia a través de la ironía socráctica), hecho que fue decisivo para la visión que tendría Platón de la democracia y de la sociedad ateniense.

2 comentaris:
Desgraciadamente, la frase "Conócete a ti mismo" es usada hoy sin comprender en absoluto el sentido en que la decía Sócrates (para ello habría que conocer todo su discurso sobre la inmortalidad de alma, todo su racionalismo radical, su teoría del conocimiento a priori, etc.).
Sea como fuera, mi filósofo favorito sin duda.
¡saludos compañero!
Aunque terminase por oponerse a los sofistas se podría decir que ambos eran hijos de su tiempo. Es curioso oponerse a alguien viendo lo parecido que se llega a ser en varias facetas a lo que se detesta.
saludos
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