La obra filosófica de Platón parte de la de Sócrates y va más allá: definir los conceptos eidéticos y resolver las cuestiones que el socratismo dejó al aire. El desencanto de la democracia experimentada por Sócrates siguió patente en Platón (aunque éste también condenó el gobierno de los Treinta Tiranos por sus atropellos), quien vio en la condena a muerte de Sócrates el peor atropello de la democracia de la época. Despreciaba también a los sofistas (auténticos artífices del relativismo democrático), con los cuales tuvo enfrentamientos dialécticos. Platón criticaba que en la democracia no se contemplaban valores eternos e inmutables, que todo dependía del contexto socio-político de una época o de una región. Por ejemplo, en Atenas se aprobaba la homosexualidad, mientras que en otras sociedades se reprobaba. Una típica pregunta platónica a esta cuestión sería: ¿es reprobable o aprobable la homosexualidad en sí? También criticaba que no se adjudicaran los cargos públicos o políticos por la capacidad del individuo para desempeñar el cargo en cuestión, sino por votación, haciendo que el menos capacitado pero mejor dotado en el arte de la palabra (y del engaño) pueda desempeñar un cargo del cual no está a la altura.
Así pues, Platón quería encontrar, mediante la filosofía, las verdades de los conceptos y los valores y, en definitiva, la misma Verdad. Los problemas que planteó Sócrates (y que, mayormente, dejó sin resolver) pueden dividirse en tres grupos, y tres fueron las soluciones que dio Platón:
-Problema ontológico: ¿Qué son los valores? Platón estableció la Teoría de las Ideas.
-Problema epistemológico: ¿Cómo se pueden conocer los valores? Platón estableció la teoría de la reminiscencia.
-Problema ético y político: ¿Cómo debemos comportarnos? Platón estableció la teoría de la tripartición del alma y del Estado Ideal.
La teoría de las Ideas
Platón buscaba un conocimiento (episteme) absoluto. Pero no se puede tener conocimiento absoluto de las cosas cambiantes. Por ejemplo, si yo fui a París hace 20 años y, desde entonces, París ha cambiado mucho, no puedo decir que tengo un conocimiento veraz sobre París (al menos no el París actual). Si vi La Sagrada Familia por última vez hace 15 años, no puedo decir que la conozca, pues ha cambiado muchísimo desde entonces. Así, pues, ¿de dónde se puede extraer un conocimiento veraz y absoluto (y, por lo tanto, fiable)? Platón observó la escuela pitagórica y sus objetos de conocimiento: las matemáticas. Éstas son inmutables, eternas y universales. No son sensibles, pues no los captamos por los sentidos. Tampoco son mentales, pues si fueran únicamente un producto de la mente humana, podríamos manipularlos a voluntad, y jamás podremos construir mentalmente un cuadrado que no tengo cuatro lados, o un triángulo cuya suma de los ángulos no sea 180º. Las entidades matemáticas se imponen por sí mismas y se conocen por su propia definición. Influido por los pitagóticos, Platón consideró que la belleza, la justícia, la bondad, etc deben tener una condición extramental y una existencia independiente de las cosas materiales o acciones que consideramos como bellas, justas, buenas, etc. Es decir, una cosa es una acción justa y otra la justícia en sí misma. Estas entidades a las que Platón dedicó su estudio son las Ideas, las cuales son seres en el más puro sentido del término, pues no cambian, son eternas y universales. Las Ideas no pueden captarse sensiblemente (pues no son entidades físicas), sino intelectualmente. Hay algo que diferencia a las Ideas de las entidades matemáticas: no son representables. El triángulo, el cuadrado, los números o el teorema de Pitágoras son representables, mientras que la justicia, la libertad o la belleza no, de las cuales sólo podemos poner ejemplos de acciones justas u objetos bellos o, a lo sumo, simbolizarlas (por ejemplo, la paloma que representa la libertad), aunque desde luego no son representaciones en el puro sentido de la palabra como lo puede ser “4”. La esencia de las cosas materiales (sillas, casas, ciudades) e incluso de los seres vivos son también Ideas, puesto que, por ejemplo, suponiendo que todas las ciudades desaparecieran, la Idea de Ciudad seguiría siendo.
Platón distinguió entre dos tipos de realidades: las dichas Ideas que forman un mundo sólo captable mediante la inteligencia (mundo inteligible o kosmos noétos) y el mundo de los objetos maeriales, captables mediante los sentidos (mundo sensible o kosmos oratós). Esta distinción es expuesta en la alegoría de la caverna, el más famoso de los mitos platónicos, que apareció en su obra “La República”.
Las Ideas son a la vez unas y múltiples, concretas y generales; forman una jerarquia en forma de pirámide, en cuya cúspide se encuentra la Idea del Bien, identificado por Platón con el Orden y la Unidad, en una palabra: la armonía. El Bien, para Platón, era superior al Ser, puesto que no hay Ser sin orden ni unidad. El Bien, además, es la finalidad de todas las cosas y su propia y misma finalidad.
La reminiscencia
La teoría del alma y de la reminiscencia es el intento de Platón de demostrar las creencias de Sócrates según las cuales la verdad está dentro de nuestra alma y que aquélla puede ser sonsacada hacia el exterior, para lo cual Sócrates se valía de la mayéutica. Así, lo que en Sócrates era una creencia sostenida por algo así como una fe, Platón lo convierte en una doctrina sostenida por el conocimiento. Platón parte de la concepción del ser humano como unión de un cuerpo y una alma (la res extensa y la res cogitans de las que, muy posteriormente, hablaría Descartes) y que la segunda, antes de introducirse en el cuerpo antes de nacer éste y de quedar prisionera en él, habitaba el mundo de las Ideas y, por lo tanto, conoce a éstas. Pero la caída hasta el cuerpo y el duro trauma causado por este hecho hicieron que el alma olvidara las Ideas al perder la memoria de esa existencia en el mundo de las Ideas. El alma, ya dentro del cuerpo y habitando el mundo sensible, conoce las cosas a través de los sentidos y va recordando, poco a poco y paulatinamente, aquéllas Ideas del mundo inteligible. ¿Las conocemos a partir de la base de la experiencia de ver cosas iguales entre sí? Platón cree que no, puesto que no hay en el mundo dos cosas exactamente iguales y, además, aun sin haberlas, sabemos qué es la idea de Igualdad (aun sin existir esta en su totalidad en el mundo sensible). En efecto, conocemos las Ideas antes de verlas en el mundo sensible, lo cual quiere decir que tenemos un conocimiento previo a la captación sensible de objetos que contienen esas Ideas. Así pues, para Platón, el aprendizaje no es más que un ejercicio de memoria, de recordar. Muy ilustrativos son el experimento del “Menón” en el cual un esclavo da con la solución de un problema por sí mismo o la alegoría (mito) del carro alado. Cabe señalar que Platón no utilizaba los mitos de la misma forma que antiguamente, sino como ayuda para obtener conocimiento (además, la mayoría de mitos que utilizó eran de su invención propia).
La tripartición del alma
El alma humana, que es la parte del hombre perteneciente originalmente al mundo de las Ideas, es eterna y, como ya hemos dicho, permanece prisionera durante un cierto período de tiempo (la vida del individuo) dentro del cuerpo, que es la parte del hombre perteneciente al mundo sensible. Esta unión entre cuerpo y alma es meramente accidental, y la esencia misma del hombre reside en el alma. Platón divide el alma en tres partes: apetitiva (o concupiscible), mediante la cual deseamos; la racional, mediante la cual pensamos y razonamos; y la anímica (o irascible), mediante la cual decidimos actuar o no y la cual se alía, unas veces, con la parte racional y, otras, con la anímica. Por ejemplo, si tengo hambre, mi parte apetitiva me inclina a comer, pero la parte racional me dice que no debo comer en este momento. Este conflicto se resuelve por la parte anímica, que hace caso a la racional y no come, o bien hace caso a la apetitiva y come.
A cada parte del alma le corresponde una facultad, y cuando la cumple excelentemente, decimos que es virtuosa. Cada una de las tres partes tiene una forma de desempeñar su función de manera excelente, y a esta forma excelente se le llama virtud, la cual se manifiesta como prudencia o sensatez en la parte racional, fortaleza o coraje en la parte anímica y templanza o moderación en la parte apetitiva. Para que el alma sea buena (es decir, para que participe de la Idea de Bien), debe haber orden y unidad entre ellas. Pero el orden en el mundo inteligible es jerárquico, de manera que la parte racional ha de dominar sobre la irascible, y ésta sobre laapetitiva. Esta alma que, actuando así, es buena, es a la vez justa. La justícia es la virtud consistente en el mantenimiento de este orden y viene a ser una especie de síntesis de las demás virtudes.
La polis ideal
Platón, viendo que muy pocos individuos eran buenos y justos (pues pocos eran los que tenían una alma buena y justa), dividió también a los hombres en tres tipos distintos según la parte de su alma que dominara a las otras dos: apetitivos (su finalidad es la satisfacción de los deseos), animosos (su finlaidad es el cumplimiento del deber) y racionales (su finalidad es la búsqueda de la verdad).
Para Platón, el fin último de la polis (la ciudad griega de aquella época) es posibilitar la felicidad de los ciudadanos. Como la felicidad de cada individuo depende de la obtencion de aquello a lo que tiende naturalmente, Platón quería crear una estructura política que organizara la polis de manera que este objetivo estuviera garantizado en su totalidad. Los apetitivos deberán encargarse de la producción, pues ésta es la que satisface sus deseos. Es decir, serán los productores encargados de suministrar a la polis todo lo que necesita. Los racionales deberán encargarse del gobierno de la ciudad, pues son los únicos que conocen las Ideas de justicia, libertad, etc. Los anímicos se encargarán de la defensa de la polis, es decir, serán los guardianes, de manera que podrán ejercer sus virtudes (coraje y valor) y sentirán que han cumplido con su deber. De la misma manera que el alma justa lo es en tanto que sus tres partes cumplen con su deber, la ciudad será justa en la medida en que cada estamento (es decir, cada grupo de individuos, y por tanto todos y cada uno de ellos) desempeñe su función de manera virtuosa: los racionales deberán moderar con prudencia, los gobernantes debrán cumplir defender la polis y hacer cumplir las leyes con coraje y los productores deberán producir y satisfacer sus deseos personales con moderación para que la producción llegue a todos. Para poder llevar a cabo esta organización, Platón exige que los gobernantes y los guardianes no tengan propiedades privadas (para que los productores, es decir, los apetitivos, no codiciaran sus posiciones) ni familia, siendo el Estado quien se encargue de su manutención y de la educación de sus descendientes. Platón creía que la polis ideal sólo podría implantarse en el momento en que los filósofos tomaran el control del Estado para reproducir en el mundo sensible los esquemas y jerarquías del mundo de las Ideas.
La filosofía de Platón es tal vez la más reconocida de todas y a lo largo de los siglos ha ejercido una influencia enorme en la historia de la filosofía. Los hay que dicen que toda la filosofía Occidental, desde la Antigua Grecia hasta finales del siglo XIX, son notas a pies de página de la filosofía platónica. Habrá que esperar hasta el dicho final del siglo XIX a que llegue Nietzsche e invierta el platonismo para que se discuta abierta y radicalmente a Platón aunque, al igual que Marx con Hegel, pese a poner a Platón patas arriba, parte de él (aunque nunca tuvió una relación tan intrínseca como los otros dos).

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