dilluns, 24 / novembre / 2008

Divagaciones sobre Hegel y los totalitarismos


Hegel concibe la Historia Universal como el proceso de desarrollo de la Idea Absoluta (o la Razón, o el Espíritu) y su manifestación en la realidad material, que se manifiesta, se aprehende a sí misma y se supera en las sucesivas etapas mediante la dialéctica que ella misma engendra. Así, muestra el paso del Espíritu a través de las diferentes épocas históricas: China, India, Persia, Grecia, Roma y el mundo germánico.

Según Hegel, su época es el fin de la Historia, en la cual el Espíritu se ha hecho consciente y se ha aprehendido a sí mismo (es en-sí para-sí), llegando la Humanidad a haber adquirido el máximo grado de libertad posible (la libertad se desarrolla en razón directa con el desarrollo de la Idea) en el seno de las democracias liberales. Dice que es en esa época (que es la suya) en la cual el Espíritu se sabe al querer lo verdadero, eterno y universal en sí y por sí. En este punto surgieron dos posturas: los hegelianos de derecha afirmaban que, efectivamente, era el final de la historia; los hegelianos de izquierda, que normalmente eran revolucionarios, apelaban a la dialéctica para afirmar que el curso de la Historia estaba abierto. Lo cierto es que Hegel afirma que, efectivamente, su época (la época moderna de las democracias liberales) es la última etapa de la Historia Universal, pero que dicha etapa no ha sido concluida aún. Apela a la falta de cohesión política y a la carencia de una organización y ordenación fuertes del Estado. Dice Hegel que las leyes de la libertad real, así como la libertad objetiva, exigen la sumisión de la voluntad contingente (esto es, individual). “Cuando lo objetivo es en sí racional, el modo personal de pensar debe corresponder a esta razón, y luego se da también el momento esencial de la libertad subjetiva”. Es decir, todas las divergencias que habían en el seno de los Estados liberales debían eliminarse y conformar una opinión común de acuerdo con la realidad objetiva. Hegel murió antes de ver cumplidas estas expectativas. ¿Acertó en sus predicciones?

Si la Historia Universal, su curso, está determinado por el desarrollo del Espíritu, que no es otra cosa que la Razón, y esa época es la última de la Historia, la Razón debe llevar a buen cauce las predicciones de Hegel por sí misma. ¿Qué hizo, sin embargo, el Espíritu? Primero, se suicidó a sí mismo: surge el pensamiento marxista que invierte la filosofía de Hegel, que no es otra que la Filosofía del Espíritu, de la Razón. A su vez, este mismo pensamiento condena las democracias liberales y vaticina que la Historia se desarrolla de tal manera que la nueva clase orpimida (el proletariado) se levantará contra la burguesía (clase dominante y guardiana del régimen demócrata-liberal) y revolucionará la sociedad. Si el Espíritu estaba en su última etapa, ¿por qué precisamente entonces engendró a Karl Marx y sus apóstoles para que le rechazaran e inaugurasen una nueva etapa histórica (que, según los marxistas, era el auténtico final de la Historia). Hay que tener en cuenta que todos los personajes importantes de la Historia Universal son, para Hegel, meros instrumentos de la Razón. Volviendo a la cuestión: bien es cierto que la revolución bolchevique, y el pensamiento leninista en sí, no siguen fielmente las tesis de Marx. Algunos marxistas incluso tachan el bolchevismo y el leninismo en sí de traición al marxismo. Pero el caso es que hubo una revolución contra el liberalismo en base a las ideas de Marx, es decir, en contra de la Razón hegeliana.

Empero, el movimiento dialéctico (que, en efecto, se siguió dando) hizo que surgiera, en oposición tanto a la burguesía como al marxsismo, el movimiento fascista. Originariamente, y en teoría, el fascismo pretendía ser una síntesis entre el liberalismo y el socialismo. Teóricamente, el espíritu había engendrado una tesis, el liberalismo, que se enfrentó a su antítesis (el socialismo), y de ésta confrontación surgió el fascismo como síntesis. Del seno del fascismo surgió, poco después, el nacionalsocialismo alemán, que fue más allá de todos ellos y rindió un culto fanático a la sangre racial. Empero, puede considerarse al nacionalsocialismo como una rama extrema y singular del fascismo.

¿Qué pasó con estos movimientos, con estas manifestaciones del espíritu? El bolchevismo oprimió brutalmente a la población, incluyendo al proletariado, además de cometer enormes masacres y genocidios . El fascismo acabó siendo el arma de choque de la burguesía contra el socialismo, y el nacionalsocialismo supuso el odio racial entre humanos, así como la marginación y exterminio de lo que los nazis consideraban los débiles e inferiores. Jamás en la Historia se ha dado tanta incoherencia entre teoría y práctica (en el caso del bolchevismo y el fascismo, pues el nacionalsocialismo alemán nunca escondió sus ideas racistas ni su programa eugenésico). Pero a su manera, todos buscaban, en teoría, cohesión social y una organización fuerte, es decir, aquello que Hegel dijo que le faltaban a las democracias liberales de su época. Sin embargo, los tres fueron manifestaciones del Espíritu (es decir, de la Razón) que sofocaron la libertad de las personas, mientras que Hegel decía que el progresivo desarrollo del espíritu conllevaba un progresivo aumento de la libertad.

¿Qué pensaría Hegel del ascenso de los Estados totalitarios? Podríamos dirigirnos a una sentencia del final de su “Filosofía de la Historia”, la cual reza así: “lo único que puede reconciliar el Espíritu con la Historia Universal y la realidad es la intuición de que lo que ha ocurrido y ocurre todos los días no sólo no tiene lugar sin Dios, sino que es esencialmente la obra de Él mismo”. El ascenso de los totalitarismos, ¿acaso puede ser debido a que no se dio tal reconciliación entre el Espíritu y la realidad? ¿Tal vez el Espíritu se disolvió, desapareció, murió, se colapsó o alguna cosa semejante debido a la imposibilidad de la reconciliación en el momento decisivo? O tal vez sea que jamás ha existido tal Espíritu, tal Razón? Sea como sea, es inquietante ver que, después de que Hegel dijera que Dios era el motivo por el cual la Razón se manifestaba en “forma” de libertad en la realidad histórica, y antes de los ascensos de los totalitarismos (que sofocaron toda libertad), Nietzsche pronunciara su lapidaria sentencia “Dios ha muerto”. Y no sólo es que haya muerto, sino que fueron los propios hombres los que lo mataron. ¿Acaso sea realmente así, que los hombres, de alguna manera, asesinaran a ese Dios, que era la Razón, del que hablaba Hegel? Tal vez debido a la muerte de Dios, de la Razón histórica, los hombres quedamos a merced de nosotros mismos y de nuestra propia razón, y por eso surgieron los movimientos totalitarios que truncaron la culminación total de la Razón (y, por lo tanto, de la libertad) en su última etapa.

Sin embargo, los movimientos totalitarios fracasaron en su empresa, y las democracias liberales volvieron a hegemonizar la Historia, hegemonía que llega hasta nuestros días. Tal vez Hegel sólo se equivocó en sus cálculos, y su época no era la última. Tal vez los totalitarismos fueron la antítesis que la propia Razón engendró para que el liberalismo decimonónico y los totalitarismos entraran en oposición y se sintetizaran en el actual Estado del bienestar en el seno de las democracias neoliberales. Efectivamente, la experiencia de los regímenes totalitarios ha sido asumida y ha hecho progresar a la humanidad. Ahora bien, las crisis económicas, la falta de derechos de una gran parte de la población mundial, el hambre en el mundo, la progresiva mercantilización del mundo humano y el peligro de las energías y armas nucleares le hacen a uno plantearse si realmente la Razón, en caso de existir realmente, va por buen camino.


6 comentaris:

Fabian Vera del Barco ha dit...

En realidad, el tribunal ultimo en el sistema de Hegel es la Historia, no el EStado LIberal. En sus Fundamentos de filosofia del derecho, luego de la exposición de la Eticidad (familia, sociedad civil,Estado), sintesis de la dialectica politica, encontramos una larga exposicion de la lucha de los pueblos en la historia.
Creo que hay una simplificación cuando se considera a Hegel como el apostol del Estatismo (liberal, de izquierda, etc.) pues en realidad lo mas interesante del filosofo es su introducciòn del tiempo como gestor de las constituciones politicas diversas. Por eso, creo que no hay que confundir a hegel ni con Stalin ni con Fukuyama, quienes sí llevaron a su extremo la defensa de sus respectivas organizaciones politicas, con una harto simple consideracion histórica. De todas formas, muy bueno el articulo. SAludos

Dasein ha dit...

Gracias por el comentario, Fabian.

No he leído estas obras de Hegel, solamente la Filosofía de la Historia. El próximo semestre tengo una assignatura enteramente dedicada a Hegel y leeré la Fenomenología del Espíritu y tenía pensado leer también la Filosofía del Derecho y la Lógica. Asi que de momento sólo puedo hablar en base a su Filosofía de la Historia, y ahí dice que los pueblos empiezan a ser históricos en tanto que se organizan en Estados. Por lo tanto lo considero un estatista. Por otra parte, no estoy de acuerdo con lo que dices de que introduce el tiempo como gestor de las constituciones políticas diversas, sino que creo más bien que las gestaciones de las constituciones políticas se dan en el Tiempo según los designios de la Razón (o el Espíritu). La Razón se desarrolla temporalmente, pero el tiempo en sí no es racional.
No he leído aun a Fukuyama (lo tengo pendiente), pero tampoco considero a Hegel como un Stalin decimonónico, puesto que Hegel hizo autocrítica del Estado liberal que, por otra parte, calificó como última etapa de la Historia Universal (que acababa de empezar y había que finalizar).
Un saludo, Fabian.

bitdrain ha dit...

sBuenas,

Veo que eres un amante de la filosofía moderna.

Interesante artículo el que planteas. ¿Cómo puede nuestra mente localista, entendida en espacio-tiempo, poder asegurar que la fenomenología de la Historia está finiquitada?

En mi opinión, queda bastante margen para ampliar el marco de libertades, más cuando sepamos escapar del oscurantismo intelectual presente y sepa imponerse una nueva élite intelectual.

No puedo ir más allá ni ejercer una crítica con fundamentos porque no he leído a Hegel.

Un saludo y buen blog.

Rachel ha dit...

gracias por el comentario,otra apasionada de la historia.Estaré al tanto de tus post!!
saludos

Eduardo . Pedro ha dit...

Muy buena explicación sobre la historia segun la visión hegeliana. Ahora tengo una pregunta para tí, ¿estas de acuerdo con Fukuyama con ese "fin de la historia" que tanto escandalizó a los estudiosos conservadores?

Ahora, sabiendo que la historia se encuentra segmentada en 3 grandes partes (gracias a los estudios sociologicos y semiologicos) las cuales Tofler remarca como PRIMERA SEGUNDA Y TERCERA OLA (los semiólogos lo llaman oralidad, escribalidad y electronalidad). ¿No te parece que el espiritu historico hegeliano ha muerto?
Te digo esto tomando en consideracion las caracteristicas de nuestra sociedad moderna, principlamente la juventud, que ya no tiene un interés acerca de cualquier proceso, llamese historico en este caso. Parece que la "electronalidad" o "tercera ola" se ha desarrollado de una manera muy risible y extraña. ¿no?

Entonces, si el proceso ya no es de interes y, por otro lado, la inmediatez se transforma en una necesidad aparente, ¿no es licito decir que aquel proceso (espiritu) ha muerto en nuestros días?

¿Que opinas acerca de esto?

SALUDOS...EDUARDO

http://filoterario.blogspot.com/

Dasein ha dit...

Hola Eduardo. No puedo comentarte nada de Fukuyama, porque aun no lo he leído.

No sé si el proceso hegeliano, es decir, el desarrollo de la Razón, murió en el siglo XX o si es que nunca ha existido tal proceso. Tal vez me incline hacia lo segundo, ya que es irracional que la razon se destruya a sí misma (si todo lo que acontece es por mor de ella, su muerte también debe ser por mor de ella).
Efectivamente, nuestra era es la era tecnológica. Me estoy interesando por esta cuestión a través de Heidegger y sus escritos sobre la esencia de la técnica, tan inquietantes como sugestivos.
Un saludo.