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Según el existencialista Kierkegaard, el existente (el yo, el sujeto, el ser-sí-mismo), es el producto de una doble síntesis: por una parte, la síntesis entre alma y cuerpo (el espíritu) y, por otra, entre tiempo y eternidad (el instante). En el ser-sí-mismo existe siempre una relación con uno mismo y con el otro. Kierkegaard plantea la cuestión del sí-mismo contra la visión hegeliana de que la historia es el progreso y desarrollo del espíritu. Kierkegaard concebía la verdad como la realización de lo eterno en el individuo concreto, en su existencia concreta.
Kierkegaard caracterizaba tres estadios del existente, sin necesidad de tener que pasar del uno al otro, y sin consecuencia lógica entre ellos:
-Estadio estético. El esteta toma cada momento como un átomo del tiempo y hace de este momento su eternidad. Su vida se encuentra ligada al momento, es totalmente discontínua. Todo acto debe ser diferente, nuevo. Cada realidad que disfruta lo interpreta como un absoluto, como si de todo lo posible, tan sólo fuera real y universal eso concreto que disfruta en el momento en cuestión. El símbolo del esteta es don Juan, el cual busca la feminidad en cada mujer por separado de todas las otras. No escoje según la cualidad, sino según la diferencia, lo cuantitativo. Por eso mismo, don Juan no busca tal o cual cualidad, sino la feminidad en tanto que es diferente de la masculinidad. Y dentro de la feminidad, cada mujer es amada por ser diferente de la anterior. El esteta, el seductor, pues, está en contínua búsqueda y olvida sus conquistas una vez abandonadas. Pese a que Kierkegaard explicó la vida estética mediante el simbolismo de don Juan, esta actitud ante la vida, es decir, este modo de existencia es extensible a todos los ámbitos: trabajo, familia, en lo moral, en lo psicológico...no sólo referente al amor o a la sexualidad.
Llega, pero, un momento en que el esteta se percata de la dependencia de su vida de la fragilidad del momento. Entiende que no es dueño de sí. Su propio modo de existencia le lleva a la desesperación, y ésta a la ironía, a través de la cual las particularidades mundanas se revelan insuficientes al lado de la infinitud de una elección definitiva y estabilizadora de la existencia. La ironía muestra que la exterioridad es "lo otro" frente a la que se pierde la interioridad, que es "lo mío" o, simplemente, "yo". A través de la ironía, pues, se da el salto al estadio estético.
-Estadio estético. El existente ético hace una doble elección definitiva: primero se elige a sí mismo, a su ser propio; renuncia a la exterioridad y busca su propia autenticidad. Después, elige de manera estable, reflexiva y meditada, con responsabilidad, el objeto de su vida, es decir, al "otro". El tiempo es el que muestra al existente ético si se estabiliza realmente o si se ha equivocado en su elección y, consiguientemente, se pierde a sí mismo.
El existente ético es interior y se realiza a sí mismo por sí mismo (contrariamente a lo que decía Hegel, el cual decía que se realizaba mediante el espíritu objetivo). Una vez ha elegido definitivamente, vive a caballo entre el recuerdo y la esperanza. Con esta elección, el existente se impone el deber y la obligación de respetar lo elegido como absoluto. Así, la conciencia reclama el cumplimiento del deber (que es interior). Toma su existencia como una tarea sólidamente asentada y no sometida al capricho arbitrario. El símbolo de la existencia ética es el marido.
Pero el hombre ético se ve acechado, en un momento dado, por la costumbre, el hábito, la uniformidad y la complicación de las cosas cuando éstas se hacen por obligación y no por placer. El existente ético es abordado por la desesperación producida por la decepción consigo mismo. En este momento, se manifiesta el humor, a través del cual el ético confronta la idea de infinitud con la caducidad de todo lo que puede ser elegido. Dos, como infinitud, se manifiesta en el interior del existente. Le parece cómico ver cómo el hombre busca lo absoluto en su mundo finito. En esta desesperación aparece la necesidad de Dios, es decir, del infinito u absoluto.
-El estadio religioso. El existente, frente a la desesperación de sí y del mundo, se refugia en la fe, con la que se dirige a Dios desde su interioridad. Va contra el tiempo y contra toda exterioridad, contra todo objeto. La vida religiosa es puramente subjetiva y resulta incomprensible para el no creyente. La contradicción entre lo que el existente alcanza realmente y lo que subjetivamente quiere alcanzar configura la paradoja que le produce el dolor. La fe, pues, conlleva dolor; no es ningún consuelo, más bien todo lo contrario. La fe es angustia y "temor y temblor", pues hace que el hombre, pqueño y finito, se enfrente a la infinitud y grandeza de Dios. El existente se enfrente absolutamente al absoluto. Sin embargo, este constante dolor es lo que él desea, le produce una "antipatía simpática".
El símbolo del hombre religio es Abraham: él lo dejó todo para peregrinar a la Tierra Prometida, siguió la palabra de ios contra toda razón, llegando a disponerse a sacrificar a su propio hijo, Isaac. Amó a Dios y creyó en él sin condiciones, sin dudas ni reflexión, y soportando todo el dolor que le conllevaban los mandatos divinos.

Según Feuerbach, la religión nace de la deificación inconsciente del ser humano por él mismo. El secreto de la religión no es, pues, otro que el hombre mismo, y sus objetos de culto son expresiones del sentimiento humano. Todos los atributos de Dios son los mismos que los predicados de la humanidad, aunque en cualidad de infinitud. En consecuencia, la teología debe entenderse como antropología.
Cuando alguien es creyente, por más que le mostremos proposiciones lógicas que derrumben la validez conceptual de la religión, éste no se derrumba (para el creyente), pues la fe no es producto de la necesidad de la razón, sino del corazón. La sensibilidad tiene un papel fundamental en la religión. Cuanto más pobre y miserable es el hombre, más grande y concreto es Dios. La religión seguirá existiendo, dice Feuerbach mientras los deseos humanos no sean satisfechos.
Así pues, la religión consiste en la alienación inconsciente del hombre de sí mismo, y, según Feuerbach, debe desenmascararse y, después, reformar la filosofía en clave materialista para que en el futuro pueda satisfacer las necesidades del hombre, pero tomándolo a él como objeto principal en vez de a Dios.
La filosofía de Schopenhauer se oponía a las filosofías academicistas de su época y partía de una fuerte influencia de Kant, al que Schopenhauer admiraba, aunque discutía en ocasiones.
La base del conocimiento lo fundamentó Schopenhauer en la cuádruple raíz del principio de razón, elemento unificador de nuestras representaciones que modificaba el sistema de categorías kantiano, aunque se basaba en el elemento a priori de la causalidad. El principio de razón es la expresión común de todas las formas del objeto que nos son conocidas a priori. Se conforma en su cuádruple raíz:
-Principio del devenir. Es la manera como se presenta el mundo empírico, físico. Fija la sucesión de causalidad en el tiempo, estableciendo la causa como anterior al efecto.-Principio del conocer. Fundamenta las relaciones entre conceptos para establecer juicios y relaciones, y relaciones de juicios, haciendo posible la verdad de tales juicios.
-Principio del ser: Regula la ley según la cual todas las prtes del espacio y del tiempo se determinan mútuamente. Fundamenta además los conocimientos matemáticos: aritmética y geometria.
-Principio del actuar. Fundamenta los motivos de cada acción.
Kant distinguió entre el fenómeno (aquello que se manifiesta) y el noúmeno (la cosa en sí, lo que permanece escondido tras el fenómeno) y restringía el concimiento a la cosa en sí, puesto que no tenemos experiencia empírica de ella. Schopenhauer tomará esta doctrina y la modificará, estableciendo el fenómeno como representación del sujeto, criticando que Kant estableciera el mundo como un objeto al margen del sujeto; y la cosa en sí, el noúmeno, como voluntad. La voluntad es el principio motor de todo, la explicación inexplicable de todas las manifestaciones empíricas. Incluso el intelecto humano está sometido a la voluntad, con lo cual no puede llegar a conocerla realmente. Tenemos una experiencia interior de la voluntad y por eso somos conscientes de ella, pero no penetramos cognoscitivamente en ella. La doctrina del noúmeno de Kant es asimilada por Schopenhauer como casi idéntica a la teoría de las ideas de Platón. Las ideas, para Schopenhauer, son las formas esenciales de los fenómenos y en base a las cuales la voluntad crean las manifestaciones fenoménicas individuales. La voluntad es una e indivisible, pero sus manifestaciones, sus objetivaciones, son diversas.
Por otra parte, la voluntad opera irracionalmente, sin fin ni objetivos, crear por el simple hecho de crear. Es una aspiración sin fin y se devora a sí misma. A partir de aquí surge el famoso pesimismo de Schopenhauer, el cual concibe la vida como trabajo, esfuero, dolor y sufrimiento constantes, como absurda (pues carece de metas). Hizo de la palabra "mundo" (Welt en alemán) un acrónimo de Weh (pena), Elend (miseria), Leid (sufrimiento) y Tod (muerte). Sin embargo, en medio de esta superfluidad negativa y del constante sufrimiento, intercalamos breves momentos de placer, producidos por la experiencia artística (o estética). Sin embargo, el arte tiene una función mucho más profunda en la filosofía schopenhaueriana que la de producir simple placer. Es mediante el arte que podemos tener un conocimiento real de la voluntad, la cual está vetada normalmente a tal hecho. El artista (el genio) consigue reducir el principio de individuación subjetivo y objetivo, fundiéndose con la naturaleza, sumergiéndose en la voluntad y pudiendo así contemplar las formas, las ideas, las esencias y objetivarlas en la obra de arte. La contemplación de esta obra de arte hace que el no-artista comparta esta sensación. El artista consigue emancipar el conocimiento de la voluntad, conllevando el entendimiento del "por qué" de las cosas. El arte superior de todos es la música, pues muestra la esencia real y última del mundo y el hombre.
La perversidad está en relación con la diversidad de la voluntad fenoménica y la lucha entre los individuos. Las formas del mal radical son el asesinato, el robo, la crueldad y la venganza. El hombre tiende a invadir la vida del otro debido a su estadio natural: el egoismo. El Estado frena y limita el egoismo, impidiendo la intromisión de unos con otros. Schopenhauer rechazaba el estado curativo (de reinserción) ya que el carácter del delincuente viene determinado por la voluntad y es inmutable, y el vindicativo (ojo por ojo), ya que produce el dolor ajeno y esto lleva a la crueldad. Reividicaba, pues, un Estado penal que castigue las intromisiones y el egoismo, pero que sea a la vez educativo y vigilante, intentando conseguir un término medio. La máxima moral de Schopenhauer es "no hagas daño a nadie y ayuda a los otros tanto como puedas".

La filosofía de Schopenhauer fue incomprendida en su momento y eclipsada por Hegel, pero posteriormente consiguió una gran difusión e influenció, por ejemplo, a Nietzsche.