
Parece ser que el Barça va a ganar la Liga. Miles de millones de culés llevan celebrando victoria tras victoria desde hace algunas semanas. Todo el país está pendiente de qué va a hacer el Barça, de una posible remontada del Madrid o de cualquier otro suceso "trascendente". Se habla de poesía, de eventos históricos y de héroes. Los héroes de estas últimas semanas son Eto'o, Mesi y compañía. Iconos de jóvenes y mayores que ven en su éxito el suyo particular y en cuya victoria sienten un placentero torrente de satisfacción.
Mientras todo el país está pendiente únicamente del Barça, los autónomos siguen sufriendo una precariedad laboral intolerable. Miles de seres humanos abandonan sus países (su hogar) huyendo de la miseria y la muerte para buscar el pan para sus hijos en tierras extrañas para ellos, encontrando sus derechos de trabajadores pisoteados. Los trabajadores españoles, de rebote, ven también sus derechos pisoteados, a la par que una crisi de la que ellos no son los responsables les impide llevar una vida digna y les impone privaciones, a ellos y a sus familias. Decenas de mujeres siguen muriendo a manos de maridos que aun no han comprendido que no se puede tener título de propiedad sobre las personas. La Monarquía sigue viviendo con sumo lujo a costa del bolsillo de la clase trabajadora. Altos banqueros y grandes empresarios siguen enriqueciéndose con el ancestral método de apropiarse la plusvalía generada por el trabajador, práctica intrínseca del modo de producción capitalista (cuya única "reforma" aceptable seria su eliminación) que es esencialmente injusta pero que las leyes siguen amparando. Las nuevas generaciones suben con un materialismo extremo insertado en su ahogado espíritu, entregándose al consumo de drogas y consagrando su tiempo libre a los bares y las discotecas. No se encuentra solución al problema de la unidad nacional más allá de la clásica actitud de la derecha fachorra o los movimientos independentistas, enterrando ese gran proyecto común, solidario y plural que debería llegar a ser España. La reforma educativa y la inminente aplicación del pla Boloña darán un paso más a la privatización de la enseñanza, así como van a dificultar la entrada al mundo de la enseñanza a los nuevos profesores exigiendo un carísimo máster en pedagogia. El número de parados pasa ya de los 3 millones.
Pero desde hace semanas, y durante varias más, nada de esto ya importa. Sólo importa que los blaugrana ganen la Liga, lo cual va a suponer una gran alegría para los culés, un tema a hablar en los círculos futbolísticos y un tiempo más de respiro que se le va a dar al gobierno inútil e ineficaz que gobierna inmerecidamente España. Porque el fútbol profesional es un macronegocio ultracapitalista.
Pero no importa. Ahí están los héroes azulgranas, a los cuales nadie se quita de la cabeza. Héroes que cobran tanto o más que los altos banqueros y grandes empresarios. Héroes cuya mitad de una cuarta parte de un tercio de lo que ganan les vendría muy bien a todos aquellos auténticos héroes que son los trabajadores que apenas llegan a fin de mes y que tienen una hipoteca que pagar y una familia que mantener. Héroes que lo son hoy y siempre.
Y el héroe de la semana no es ni Mesi, ni Eto'o ni Puyol, sino ese hombre, del que ni siquiera se ha dado el nombre, que intentó evitar el asesinato de una mujer en Irún y que, mientras nadie se acuerda de tan noble azaña (por desgracia, fallida), este noble varón se encuentra recuperándose de dos puñaladas en el hospital. Él es un heroe, y desde estas líneas quiero expresarle mi más sincera admiración.
Pero no. Hoy no cabe hablar de nada de esto. Hoy solo hay que estar pendientes del Barça.
El fútbol es el opio del pueblo.
